Hace algunos años lo perdí todo. Más de 20 años de trabajo,
4 millones de dólares en propiedades, sueños, y toda mi seguridad financiera… se esfumaron. Oraba, diezmaba, servía… y aún así no prosperaba. Me sentía roto, con culpa y sin dirección. Fue en medio de esa quiebra que descubrí algo que nadie me había enseñado: el problema no era mi negocio… era en quién me estaba convirtiendo.
Cuando alineé mi mente, mi fe y mis acciones con el diseño original de Dios… todo cambió. Y desde entonces, he dedicado mi vida a ayudar a otros a salir de la escasez y caminar en verdadera abundancia.